La trampa de los celos

Los celos pueden definirse como la reacción negativa de una persona ante la relación sexual o emocional, ya sea real, imaginada o anticipada, de su pareja con otra persona. El núcleo principal de los celos está en el miedo a la infidelidad o el miedo a ser abandonado. Frecuentemente, la intensidad de las consecuencias de los celos acaban con el cariño y apagan la relación si no se pone remedio. Al igual que ocurre con la mayoría de los trastornos, cada persona los manifiesta de una forma diferente: no hay dos iguales.

 

Los celos son una mezcla de emociones y sentimientos difusos que dominan, en mayor o menor medida, el estado de ánimo general de la persona: envidia, vergüenza, rencor, ser traicionado, sentirse amenazado, soledad, frustración, desamparo, capricho, deseo, infantilismo, dependencia, suspicacia, desconfianza, autocompasión, inseguridad, abandono, tristeza, angustia o ansiedad y egoísmo. Pueden conducir al enfado, el reproche, la exigencia, el reclamo, la hostilidad o la ira.

 

Las emociones que mejor definen los celos son el dolor, la tristeza, la ira y el miedo. Tanto el dolor como el miedo provocan ira. El núcleo es un miedo al alejamiento o pérdida de la pareja, unido a un intenso dolor psicológico. El celoso también siente vergüenza de que se conozcan sus temores, este sentimiento refuerza su malestar y le lleva a no hablar de lo que experimenta, a ocultarlo o disimularlo. Entre todos los sentimientos también destaca el egoísmo, el deseo de ser único y exclusivo para el otro que a veces llega a manifestarse como el sentirse dueño de la otra persona, de su comportamiento y, en especial, de sus afectos. Esta actitud es un ataque a la libertad del otro miembro de la pareja.

 

A menudo el celoso se siente y se presenta como una víctima, posiblemente ficticia, de una amenaza, cuando en realidad lo que pretende es convertir a su pareja en la víctima real de sus miedos y pensamientos irracionales. Como víctima hace uso del chantaje emocional para que la otra persona cambie su conducta y limite sus movimientos, y consigue así restringir su libertad de acción. Presentarse ante el otro, y ante los demás, como una víctima que sufre mucho aporta siempre beneficios al celoso: él o ella sufre a causa de los celos, y el otro miembro de la pareja no. El sufrimiento crea una especie de deuda afectiva, y esta deuda afectiva exige reciprocidad.

 

Las conductas del celoso pueden desencadenarse por señales de lo más variado: desde lo que pueden parecer indicios evidentes de infidelidad hasta lo normal, lo ambiguo o la casualidad, o lo inexistente y, por tanto imaginado. Cualquier cosa puede interpretarse como una señal de interés por otro.

 

Los celos se manifiestan también a través de las conductas de vigilancia. Consisten en estar pendiente ocasional o continuamente del comportamiento de la pareja, interpretando y supervisando sus diferentes actividades: qué puede pensar, qué hace, qué puede estar haciendo, qué planea o qué pretenden los posibles competidores. De esta manera puede llevar a cabo diferentes conductas de vigilancia como: consultar las facturas de móvil, hurgar en objetos y lugares personales, seguir de cerca su horario y actividades, inspeccionar el teléfono, explorar el ordenador, entrar en su correo electrónico... Sufren de una sensibilidad excesiva a señales reales o imaginadas de infidelidad o de que la pareja comienza a interesarse por los demás, algo que se manifiesta con estos comportamientos y con muchos otros.

 

 

En conclusión, los celos ponen en tensión a la pareja y pasan a ser el centro de preocupaciones, todo se cuestiona, la relación se deteriora y las manifestaciones agresivas o de odio alimentan el deterioro de la situación. La persona celosa entra en un círculo vicioso sin salida, por lo que resulta fundamental pedir ayuda cuando la intensidad de los celos es excesiva y cuando no puede salir del círculo obsesivo, debe darse cuenta que se están presentando problemas por los celos y reconocer que esas manifestaciones tienen poco que ver con el amor.

 

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Comentarios: 2
  • #1

    Luis (jueves, 11 julio 2019 08:22)

    He vivido una Relación con mi Pareja, durante más de cuarenta años, hemos sido una familia, hemos tenido una vida, etc. he amado y amo a mi mujer siempre. Ha pasado los cuarenta años, presa de unos Celos, constantes, por todo, de todas... han sido, una constante en nuestras vidas. Lo habitual, mientras convivimos, fue que estuviera siempre enfadada conmigo, por unos celos absurdos. Ha pasado la vida, buscando, imaginando una infidelidad, y sufriendo por cualquier chorrada o comentario que hacia a alguna de mis compañeras de trabajo, por ejemplo.
    Llevamos ya más de seis años separados, el desencadenante último, fue, que tenia correo electrónico con algunas mujeres, y ella lo descubrió y consideró. que estaba teniendo una relación sentimental con esas mujeres.
    Siempre, me ha vigilado buscando infidelidad, jamás, ha aceptado que habláramos sobre sus Celos.
    Sí yo trataba de decirle, llevas un para de días sin enfadarte, se enfadaba muchísimo, y, no podíamos
    continuar hablando.
    Yo, no he tenido absolutamente nada con otra mujer, nunca.
    He comentado con alguna compañera de trabajo ( tuve que dejar el trabajo hace más de veinte años, por D.Cerebral ), me han dicho, que en mi trabajo, todos se habían dado cuenta por mi manera de actuar. Qué no me habían dicho nada, porque, es un asunto muy delicado, y, porque, parece ser, que yo, estaba muy estresado en esos tiempos. El caso, es que estoy esperando, noticias de mi abogado, para divorciarnos. Nuestra familia está rota, nuestras cuatro hijas, han tomado, de alguna manera, parte por su madre, y, prácticamente no tengo relación con ellas, y, cuando la tengo, es una sucesión de malos ratos, malas maneras, etc.
    Por favor, ofrecí, hace años, cuando aún hablaba conmigo, ir a Madrid y decirle delante de esta mujer, lo que ya le había dicho, y, me contestó muy enfadada, SÍ, Y TE LA FOLLAS¡¡¡¡
    Me tuve que ir de mi casa hace ya seis años, con lo puesto. Fui, aquí en Vigo, a pedir ayuda a la AA, de M.Maltratadas, y lo único que me ofrecieron fue, acompañarme a denunciarla.
    He pasado una vida, de Celos Y de Control constantes, porque mi esposa, TIENE Y HA TENIDO TODA LA VIDA, UNOS CELOS DESORBITADOS CONSTANTEMENTE.
    ME DABA MIEDO, VOLVER A MI CASA, A EMPEZAR DE NUEVO CADA DIA, CON EL CICLO INTERMINABLE, DE PREGUNTRARLE CONSTANTEMENTE, ¿QUÉ TE PASA?.
    Siempre me contestaba, Nada, y seguía exactamente igual, enfadada. Los Celos malditos, no la han dejado vivir tranquila un solo día, y. se han llevad nuestra vida por delante.
    Por favor, aconséjenme ustedes, no puedo más. Gracias

  • #2

    Laura (jueves, 11 julio 2019 15:57)

    Hola Luis!
    Creo que sería una buena idea pedir ayuda profesional y empezar una intervención psicológica que te ayude a afrontar la situación problemática.
    Un saludo.